sábado 29 de noviembre de 2008

DRACULA 1931
(CREATURE OF THE NIGHT)

Si nos propusiéramos hacer un ranking sobre los monstruos míticos que han copado nuestras carteleras desde la invención hecha por los hermanos Lumière, sería muy probable que el que hoy nos ocupa se alzara con el primer puesto. Pocos mitos han sido tan caracterizados y, a la vez, característicos en las pesadillas que se nos mostraban en la pantalla grande, dejando constancia que la seducción de este ser sediento de sangre traspasa fronteras y épocas para seguir despertando el miedo en todo aquel que se acerque a él por primera vez.

El pasante Inglés Renfield viaja hasta Transilvania para ultimar la compra de unas propiedades que un tal Conde Drácula acaba de adquirir. Una vez allí será presa del embrujo de unas siniestras mujeres que acabarán por someter su voluntad y se convertirá en el fiel serviente del Conde que no es otra cosa que un... vampiro.

Clasicazo imperecedero con mayúsculas del que, probablemente, ya se ha dicho todo pero se seguirán añadiendo cosas con el paso del tiempo. En una época oscura para la sociedad americana, con la economía por los suelos, la desesperación acrecentándose y los ecos de los suicidios resonando aún cercanos, el cine de terror se utilizó como vía de escape, como improvisado diván de psicoanálisis para demostrar que todavía había cosas peores en las que convertirse que en un pobre hombre con dificultades para ganarse el pan y, cómo no, esas abominaciones procedían del viejo continente; ante este panorama 'Drácula' pasó libremente y dejo parte de la (in)felicidad que traía con él.
La cinta se basa, libremente, en la celebérrima obra de Bram Stoker y se ha convertido, con el paso del tiempo, en referente fiel para cualquier representación del Conde que se rodó con posterioridad. Se dice que Tod Browning quería una visión diferente de la que nos terminó por ofrecer, algo más cercano a lo que luego nos mostraría con 'Freaks', por suerte para el séptimo arte finalmente triunfó la razón y terminaría por nacer un icono del género.

Es cierto que la película no consigue desprenderse de sus orígenes teatrales de los que, en realidad, se adaptó el guión, pero es tan refinadamente opresiva que más que en un obstáculo se convierte en un acierto. Esa atmósfera teatral se transforma en la gran pantalla en fascinación, romanticismo, misterio y goticismo rebosantes, debido a los grandiosos decorados llenos de detalles que nos sumergen de lleno en un mundo tan decadente como incitante, plagado de ruidos, corrientes de aire, crujidos sigilosos, de muerte en definitiva; todo ello retratado en grandes, amplísimos planos, y con una cámara en movimiento que pretende dar una exagerada importancia al conjunto, importancia que se ve resaltada con la excelente fotografía de Karl Freund que puso a disposición de la cinta toda la estética expresionista con la que estaba tan familiarizado. Hay que reconocer que cuando la acción se traslada a Inglaterra, toda esa libertad se termina perdiendo, la cámara se vuelve estática en exceso al gusto del director y todo queda demasiado encorsetado, si se hubiesen mantenido las maneras de la parte del castillo, el metraje se habría visto muchísimo más beneficiado.

Ese confinamiento afecta también al guión que, reconozcámoslo, no parece tener sentido alguno más allá de la ansia de sangre que domina al protagonista, y que termina por desviar nuestra atención del excelente plano visual del que estábamos gozando, cediendo la importancia a las descripciones y los diálogos fruto de su innegable origen teatral, revistiéndolo todo de un afectamiento muy acusado, de un academicismo acentuado que termina funcionado gracias a la fina narración que se nos ofrece. La trama se impregna de esa afectación que se menciona con anterioridad, tanto por los personajes como por los diálogos, siendo estos últimos en la mayoría de las ocasiones muy pomposos y los primeros haciendo uso de una sobreactuación que llega a resultar risible en algún punto. Hemos de mencionar también el estrepitoso fracaso de los efectos especiales, que son francamente pésimos, y que no llegamos a ver ninguna escena que impacte realmente por su contenido, pues todos los sucesos truculentos que nos narran los personajes ocurren fuera de cámara.

Pero hablar del film de Browning es hacerlo de Bela Lugosi, quien dotó al personaje de su característica forma de expresarse, moverse, mirar. Este Drácula es un aristócrata refinado, educado que conoce su poder de magnetismo sobre los comunes mortales, con comportamientos muy extravagantes, sanguinario en extremo (pese a la total ausencia de ella en la pantalla), en el que lo único noble que hay en él es su estirpe. El acento real del húngaro es una de sus características más notables y sobresalientes, junto a su hipnótica mirada bien realzada por la iluminación acertada, su hablar pausado es una prolongación del ocaso de tiempos mejores. Esta imagen creó escuela y todos los sucesores imitaron, en mayor o menor medida, la estampa de este Transilvano siniestro hasta la médula.
Lamentablemente el personaje terminó por fagocitar a la persona y Lugosi nunca pudo desprenderse de lo que le dio la fama aunque, en gran medida, porque él fomentó esa simbiosis tan irreal como todo lo que representaba el vampiro.

A la vista de esto es obvio que el primer monstruo de la Universal dista mucho de ser una obra maestra, pese a contar con un plano visual soberbio en su primera parte. El tiempo le ha pasado factura y hoy notamos que no hay rastro de terror, ni siquiera intriga a lo largo de su duración pero, ha sido la piedra angular del mito vampírico por excelencia y los clásicos son así, sin más, por derecho propio, con virtudes y defectos, siempre pioneras de un mundo que terminará por superarlas. Es por eso que 'Drácula' es imprescindible para cualquier amante del género, aunque sólo sea por su fabulosa atmósfera o por oír al Conde arrastrar las palabras de una manera tan sutil.

Buenas noches drugos. Brindo con vosotros porque la sangre es la vida.

5 comentarios:

El chache dijo...

Bueno, dicen que cuando no tienes nada bueno de decir de algo lo mejor es callarse, asi que no voy a decir nada. Bueno, destaco las interpretaciones.
Un saludo

Carlos Serrano dijo...

Siempre se ha dicho que la version que se rodó en español en paralelo era mejor.

babel dijo...

Buena análisis, me gusta!. Sin duda, sigue siendo la mejor adaptación de Drácula, al menos yo lo veo así. A pesar de los años, de los avances técnicos y demás, Bela Lugosi sigue siendo el referencte a la hora de llevar al cine al personaje. Tienes razón en que peca de excesiva puesta en escena a modo teatral, pero hay que situarse en la época y no era tan fácil hacer esa diferenciación. De hecho, no se logra comenzar con ello hasta bien avanzada la producción de cine negro norteamericano y las mejoras técnicas paralelas a su desarrollo... hasta Welles peca de ello en sus primeros films!

Saludos!

Kraven dijo...

La mejor crítica que he leído en mi vida sobre "Drácula", por lo menos la que más me ha gustado (y no he leído pocas). Completa y a la vez muy amena.

Coincido contigo en todos los puntos.

No tengo más que decir, a parte de felicitarte.

Machete dijo...

Para mi la mejor siempre seguira siendo Nosferatu de F.W Murnau.